Traducción Jurada y Protección de Datos

Protección de Datos

Las actuales normativas en materia de Protección de Datos Personales son un caso típico de la hipocresía de las instituciones europeas y los gobiernos que las integran.

Su férrea y masiva implantación se justifica por la necesidad de defender a las personas físicas y el Estado de Derecho. Eso en principio está muy bien. Sin embargo, durante la pandemia del Covid-19 hemos visto cómo los mismos gobiernos que se muestran tan empeñados en proteger los derechos de los ciudadanos en cuanto al uso de su información personal, someten a aquellos, en pro de su salud, a medidas de restricción de las libertades cuasi dictatoriales: cierre de empresas y establecimientos de hostelería, limitación del derecho a reunión, toques de queda y otras por el estilo. A la postre, las leyes y reglamentos de protección de datos personales de la Unión Europea, por su innecesario rigor y un garantismo que en ocasiones llega hasta lo surrealista, tienen el efecto de entorpecer el desarrollo de nuestra economía digital frente a los de otras regiones de gran pujanza geopolítica como Estados Unidos o el Extremo Oriente.

No obstante las leyes están ahí para cumplirlas y en el caso de los traductores e intérpretes jurados no solo por capricho del regulador, sino por necesidades deontológicas y operativas que van más allá de la obligación del secreto profesional. El traductor maneja gran cantidad de información confidencial, a veces bastante sensible y también de tipo personal e incluso íntimo: informes médicos, testamentos, sentencias de divorcio, contratos de trabajo en los que figuran números de DNI, importes salariales, domicilios, referencias a la estrategia comercial de determinadas empresas, etc. Proteger esto es para el traductor jurado tan necesario como lo sería para un abogado, un médico, un consultor o un sacerdote.

El nuevo Reglamento General de Protección de Datos Personales, que entró en vigor el 25 de mayo de 2018, ya no obliga a dar de alta archivos críticos en la Agencia Española de Protección de Datos. En cambio, impone a los profesionales la tarea de desarrollar, en sus respectivos ámbitos de trabajo, un sistema completo de seguridad de la información. Tu empresa deberá adaptar su página web y su correo electrónico a los requerimientos del RGPD. Tendrás que explicar claramente todas las medidas que adoptas para proteger los datos de tus clientes y usuarios. Deberás obtener su consentimiento explícito y activo para poder enviarles ofertas, boletines o newsletters. Tendrás que ofrecerles la oportunidad de ejercer sus derechos (acceso, rectificación, oposición, cancelación, portabilidad, olvido y supresión). Asímismo estás obligado a explicar qué datos se recaban, para qué fines y cómo van a ser procesados. Y, por supuesto, no podrás ceder esos datos a otras empresas, ni utilizar bases de datos de terceros, si los propietarios de la información personal no han dado su consentimiento a la transferencia.

Podría hablarte largo y tendido sobre las implicaciones de todo lo anterior en la práctica: las copias de seguridad de los archivos (y la incompetencia de algunos usuarios de ordenador a la hora de gestionarlas), los emails mandados a destinos equivocados con todos sus detinatarios en copia clara, los discos duros de segunda mano, las llaves USB que se pierden repletas de archivos de trabajo e información confidencial. Y no digamos las prácticas de navegación imprudente por Internet. Por cierto, antes de que lo olvide: en el blog de Nativos, una empresa de Barcelona espcializada en la enseñanza del Inglés comercial, hay un artículo con observaciones de la mayor importancia acerca del uso de las herramientas de traducción automática on line y sus riesgos para la privacidad. No dejes de leerlo. Volviendo al tema que nos ocupa: implementar una política de protección de datos, que sea realmente eficaz y no se limite a la redacción de un documento informativo con una declaración de buenas intenciones, es algo más complejo de lo que parece. En futuros artículos tengo previsto volver en detalle al tema.

De momento, lo que necesitas es un buen punto de partida: formulaciones estratégicas que definan los principales ejes de trabajo. Por su concisión, carácter práctico y utilidad, me permito reproducir los principios expuestos por Carolina Balsa Cirrito, Licenciada en Traducción por la Universidad de Granada y gerente de Traductores Oficiales, como base para el desarrollo de un sistema de protección de datos personales en el ámbito de la Traducción Jurada:

  1. Todos los documentos se tratarán como si fueran de carácter confidencial, a no ser que de un modo explícito se haya establecido que son del dominio público.
  2. La confidencialidad no prescribe, y seguirá manteniéndose incluso después de haber finalizado los proyectos y los contratos.
  3. Queda terminantemente prohibido divulgar información confidencial, incluso dentro de la empresa.
  4. Todos los documentos serán almacenados en un lugar seguro, donde no puedan extraviarse y estén a salvo de los accesos no autorizados.

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